sábado, 8 de diciembre de 2012

A LA POETISA AMALIA DOMINGO Y SOLER



A LA POETISA
AMALIA DOMINGO Y SOLER
                               Por Salvador Selles

Amalia, ¿por qué razón 
Mi musa elogias así? 
¿Por qué levantas por mí 
Tu más preciosa canción? 
¿Por qué elevas a la luz 
Do le dejas suspendido 
Al murciélago nacido 
Para el nocturno capuz?
Al magnífico fulgor 
De tu genio soberano 
Tomas mi trémula mano 
Con majestad y valor,
Y a la cúspide del mundo 
Literario me levantas,
Y luego plácida cantas 
Mi pobre genio infecundo!
Lira en el cielo templada, 
De los ángeles querida, 
De bello nácar vestida, 
De dulces flores ornada, 
¿Por qué ensalzas lisonjera 
Pretendiendo darle brillo 
Al humilde caramillo 
Que resuena en la pradera?
Cisne del lago de Dios, 
Ruiseñor del bosque santo, 
¿Por qué levantas tu canto 
De la oropéndola en pos? - 139 -
Cuando con noble ansiedad 
Que constituye virtud 
Alza tu inmenso laúd 
Un himno a la caridad;
Y con magnánimo ardor 
Digno de eterna memoria 
Le das el hombre de historia 
Sacrosanta del Señor;
Y al escuchar los jardines 
Tus cláusulas melodiosas 
Crecen en aves y en rosas
Y azucenas y jazmines, 
Mi espíritu conmovido
Se postra en éxtasis santo,
Y en dulces horas de llanto 
Quédase al fin sumergido!
         .....¿Y tú pudiste cantar
Mi ronca lira que espanta? 
Ah! cuando el sol se levanta 
¿Qué reptil no ha de dorar?
Musa divina, yo adoro. 
Tus celestiales encantos; 
Por ti derramo mis llantos, 
De gratitud, por ti lloro; 
Pero no cantes por mí; 
Que tus acentos divinos 
Consagrar a otros destinos 
Debes, más dignos de ti.
Y si cantar es tu empeño 
Mi melancólico ser, 
Cuando te logre prender 
En sus guirnaldas el sueño;
Y tu espíritu radiante 
Lanzándose a los espacios 
Entre gigantes topacios 
Hacia el Señor se levante; 
A la armoniosa canción 
De las esferas sin fin
Que van llenando el confín 
De luz, fragancias y son, 
Alza una dulce plegaria, 
No una canción lisonjera 
Por éste triste que espera 
Perdido en selva contraria.
Mi ser, si así lo cumplieres 
Se llenará de armonías,
Y bendiciendo sus días 
Encontrará sus placeres.
Y de mis dichas en pos 
Tras tantas sombras extrañas, 
Invadirán mis entrañas
Los dulces astros de Dios! 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Un no rotundo al aborto! UN CANTO A LA VIDA

UN CANTO A LA VIDA
Un no rotundo al aborto!

Por ©Giuseppe Isgró C.

Comentario exegético a las preguntas Nº 357, 358 y 359 de El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec.

Allan Kardec formuló las siguientes dos preguntas, a las cuales obtuvo las siguientes y respectivas respuestas, cuyo comentario exegético efectuamos acto seguido.

1. –“Qué significa el aborto para el Espíritu?”
-“Una existencia nula, que debe ser reiniciada”-.
2. –“El aborto provocado es un delito en cada fase de la gestación?”
-“Siempre, por cuanto viola la ley de Dios que impide que un Espíritu asuma las pruebas de las cuales el cuerpo debía ser el instrumento”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO: La vida humana es el bien jurídico por excelencia. Su protección está garantizada por la Ley Cósmica, y por la Legislación Jurídica Universal, desde el nacimiento hasta su tránsito final o desencarnación del ser humano.
El eminente jurista Francesco Carrara, denomina al aborto como Feticidio. Constituye la muerte inferida al feto, provocando la desencarnación del Espíritu, en el nuevo ser en gestación. Se habla de interrupción provocada y antijurídica del embarazo para tipificar el delito de aborto, el cual puede ser doloso, culposo o preterintencional.
Se denomina aborto el que acontece cuando el feto, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento, en el parto, se le interrumpe, por cualquier medio, su proceso vital, -o vida-, antes de haber sido separado de la madre mediante el corte del cordón umbilical y haber comenzado a respirar. Si dicha interrupción acontece después de comenzar a respirar, se habla de infanticidio.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, aprobada en la Novena Conferencia Internacional Americana, en Bogotá, Colombia, el 02 de mayo de 1948, establece, en su artículo 4, párrafo 1, que, el derecho a la vida: “estará garantizado por la ley, a partir del momento de la concepción. En el artículo primero establece un concepto de “ser humano”, más amplio que el de persona, afirmando que “todo ser humano tiene derecho a la vida”. El precepto de que “la vida se protege desde la concepción”, contempla las excepciones legítimas como el aborto terapéutico, para salvar la vida de la madre.
Para que exista el delito de aborto deben concurrir cuatro requisitos previos: 1) Es preciso que exista un embarazo. 2) Interrupción del proceso del embarazo, con destrucción del feto o producto de la concepción. 3) Empleo del medio idóneo para provocar el aborto. Y, 4) Acción dolosa por parte del agente, es decir, debe existir una intención previa de lograr tal resultado.
Consecuencias morales del aborto: Son infinitamente superiores a las que, equivocadamente, el sujeto activo, es decir, la madre embarazada, se propone evitar con la práctica del aborto.
Ningún efecto, de la índole que sea, justifica el aborto, por cuanto, es un atentado a la vida del nuevo ser en gestación, el cual está dotado de vida desde el momento mismo de la concepción.
La vida de un ser humano está por encima de los designios humanos: obedece a un plan cósmico-existencial, que determina que, en un momento dado, se conjuguen las condiciones propicias para gestar el nuevo ser de acuerdo a los planes cósmicos del Creador Universal.
La vida en gestación, además del concurso físico de los progenitores, que dan su aporte material, tiene un elemento adicional, espiritual, ente inteligente que, por alguna razón cósmica, debe nacer de tales padres, a quienes él, -o los designios cósmicos han designados a tales efectos, bien sea por factores kármicos, compensatorios, afinidad, amor u otra índole, al frustrar ese intento existencial previsto con el nuevo ser en gestación, se está impidiendo que el orden universal manifieste la creación de una vida que está por encima del ser humano. Esta vida, tiene una misión implícita, que, además, por alguna razón cósmica, los nuevos padres están obligados en traer al mundo, caso contrario la misma no se habría gestado. Es importante destacar que, el nuevo ser en gestación, por la ley cósmica, trae su propia provisión en abundancia y felicidad para los nuevos padres, los cuales, se privarían de dicho beneficio al interrumpir el proceso del nuevo ser, además de las responsabilidades inherentes por las cuales tendrían que responder.
El incumplimiento con el deber de dar vida al nuevo ser, altera el funcionamiento psíquico de los padres incumplidores, quienes comienzan a experimentar una serie de sentimientos varios, desde el de culpabilidad, cuyo remordimiento de conciencia jamás volverá a dejarlos tranquilos hasta que vuelvan a darle vida a dicho ser, en un nuevo embarazo.
Cuando tal cosa acontezca, quedará, a los padres, la sensación de remordimiento que le hará pensar: -“Cómo sería, ahora, aquél ser de no haber provocado el aborto?”, y tantas otras inquietudes que se infiltrarán en la mente, una y otra vez, hasta que las personas involucradas purguen la expiación de su falta, y aún así, siempre será, de alguna manera, irreparable.
La vida humana requiere respeto, cuido y cumplimiento del propio deber.
Si la vida ha brindado la oportunidad de gestar, por la vía que sea, un nuevo ser, por medio de cada uno, es porque aquella vida debía venir, caso contrario, no habría habido concepción.
Este solo hecho debe ser motivo suficiente para dar fortaleza para superar cualquier prueba que se deba enfrentar.
Piénsese en lo que puede llegar a ser el nuevo ser, la felicidad futura que aportará a sus padres, familiares y a la humanidad. El ser que nace no pertenece a los padres, es un depósito divino que el Creador Universal consigna para su gestación, cuido, educación, etcétera. Oportunamente, dará la compensación debida, por cuanto, con la creación de la nueva vida, se está contribuyendo a perpetuar la especie humana y a pagar la deuda que se tiene, porque alguien ha gestado la propia vida, la ha cuidado y contribuido a su desarrollo. Es el pago de la propia vida, dando otras vidas como canal creador físico, ya que la vida espiritual existe por encima de cada uno.
Por ningún motivo se debería permitir el aborto, excepto el terapéutico, para salvar la vida de la madre.
Los padres que inducen a sus hijas a practicar el recurso del aborto, como medio de evadir la deshonra, adquieren otra de mayor gravedad, por cuanto, dar vida a un nuevo ser siempre es loable; mientras que, el aborto, siempre es un crimen, sobre el cual jamás se podrá construir la felicidad futura de nadie y cuyas consecuencias morales, en el supuesto de que se lograran evadir las legales, son de tal índole, que, por todos los medios posibles, se recomienda evitar.
El riesgo del aborto es múltiple:
A) En primer lugar, el legal. Sufrir una penalidad legal por el delito de aborto, es mucho más grave que la vergüenza que se pudiera pasar por la supuesta deshonra de un hijo fuera del matrimonio, entre otras cosas de escasa trascendencia.
B) El riesgo de la mujer que aborta, en cuanto a su salud, fecundidad futura o peligro de esterilidad; no vale la pena correrlo.
C) Las consecuencias morales, de múltiples y variadas manifestaciones, crean traumas psicológicos que determinan un elevado hándicap para la felicidad futura, tal como fue expuesto precedentemente.
D) El Derecho Divino cuyo precepto es la conservación de la vida, nadie lo puede ni debe violar, por cuanto, la sanción divina, -o acción coactiva de la ley cósmica-, no puede ser burlada. El “ojo que todo lo ve”, registra el hecho punible, e instantáneamente aplica la sanción moral-espiritual. Quienes incurren en el delito del aborto, de alguna manera sufrirán un castigo o penalidad de índole intangible pero de consecuencias seguras, como por ejemplo: remordimiento de conciencia, arrepentimiento, angustia, trastornos psico-espirituales, inestabilidad emocional, llorar sin motivos, sentimiento de reclamo del ente espiritual objeto del aborto, cuya voz sienten muchas mujeres que lo practicaron, y tantas otras sensaciones que no se ven pero que se sienten, que bien vale la pena evitar.
E) En fin de cuenta, hay que conservar la vida en gestación, por cuanto, la única manera de ser feliz es asumiendo la responsabilidad de los propios actos. Y, abriendo la puerta a la vida, al nuevo ser, se abrirá, simultáneamente, la puerta de la felicidad para cada uno. La bendición y la provisión divina que, con cada ser, vienen aparejadas. Por el amor de Dios, protejamos a los nuevos seres……, que cada día corren el peligro del aborto. Hay que divulgar el mensaje. Las Legislaciones mundiales protegen, y deben hacerlo siempre, a los nuevos seres en gestación. Inclusive, la Legislación debe normar la prohibición de que las mujeres puedan inhabilitar algunos órganos coadyuvantes a la reproducción, como cortar las trompas, etcétera, que conlleva al incumplimiento de dar las vidas que se puedan deber, cuyas consecuencias antes descritas, las experimentarán en igual grado, las personas involucradas.
En el parágrafo 359, Allan Kardec vuelve a preguntar:
3. –“En el caso en el cual la vida de la madre corriese peligro durante el proceso del parto, es un delito sacrificar el niño para salvar a la madre?”
Obtiene la siguiente respuesta: -“No, es mejor sacrificar el ser “que aún no existe”, al ser que ya existe”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO: Las diversas legislaciones jurídicas en el mundo sostienen este punto de vista. Estando bien la madre, el ser que iba a nacer, podrá volver a iniciar el nuevo proceso de encarnación en un futuro cercano, como en efectos suele ocurrir, tal como se observa en la práctica, al ser frustrado el nacimiento de un niño, por las causas que fueren, se observa como al poco tiempo, la madre vuelve a quedar embarazada y oportunamente nace el nuevo ser. Qué razones espirituales han determinado la frustración del nacimiento anterior, además de las eventuales de orden físico? Muchas veces, algunas alteraciones en los planes espirituales del Espíritu por nacer y de aquellos seres que de una u otra manera les son inherentes e interrelacionados, puede determinar una variación en la fecha del nacimiento, o un eventual cambio de sexo, por haberse modificado el plan espiritual, y cualesquiera otras razones válidas según el respectivo caso.
Concluimos con la pregunta Nº 360 de Allan Kardec y su respectiva respuesta:
4. –“Es justo tener, en cada caso, para el feto, las mismas atenciones que se tienen por el cuerpo de un niño, de cuya vitalidad se está ya seguros?”
-“Inclinaos siempre a los decretos de Dios, y no tratad con ligereza cosas de tanta gravedad. Por qué no respetaríais las obras de la creación, aún cuando alguna vez quedan incumplidas por voluntad del Creador? Esto está en sus designios, que nadie tienen el derecho de juzgar”-.
Adelante.

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domingo, 20 de noviembre de 2011

UN CANTO A LA VIDA: Un no rotundo al aborto!





UN CANTO A LA VIDA
Un no rotundo al aborto!

Por ©Giuseppe Isgró C.

Comentario exegético a las preguntas Nº 357, 358 y 359 de El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec.
Allan Kardec formuló las siguientes dos preguntas, a las cuales obtuvo las siguientes y respectivas respuestas, cuyo comentario exegético efectuamos acto seguido.

1. –“Qué significa el aborto para el Espíritu?”
-“Una existencia nula, que debe ser reiniciada”-.
2. –“El aborto provocado es un delito en cada fase de la gestación?”
-“Siempre, por cuanto viola la ley de Dios que impide que un Espíritu asuma las pruebas de las cuales el cuerpo debía ser el instrumento”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO: La vida humana es el bien jurídico por excelencia. Su protección está garantizada por la Ley Cósmica, y por la Legislación Jurídica Universal, desde el nacimiento hasta su tránsito final o desencarnación del ser humano.
El eminente jurista Francesco Carrara, denomina al aborto como Feticidio. Constituye la muerte inferida al feto, provocando la desencarnación del Espíritu, en el nuevo ser en gestación. Se habla de interrupción provocada y antijurídica del embarazo para tipificar el delito de aborto, el cual puede ser doloso, culposo o preterintencional.
Se denomina aborto el que acontece cuando el feto, desde el momento de la concepción hasta el momento del nacimiento, en el parto, se le interrumpe, por cualquier medio, su proceso vital, -o vida-, antes de haber sido separado de la madre mediante el corte del cordón umbilical y haber comenzado a respirar. Si dicha interrupción acontece después de comenzar a respirar, se habla de infanticidio.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, aprobada en la Novena Conferencia Internacional Americana, en Bogotá, Colombia, el 02 de mayo de 1948, establece, en su artículo 4, párrafo 1, que, el derecho a la vida: “estará garantizado por la ley, a partir del momento de la concepción. En el artículo primero establece un concepto de “ser humano”, más amplio que el de persona, afirmando que “todo ser humano tiene derecho a la vida”. El precepto de que “la vida se protege desde la concepción”, contempla las excepciones legítimas como el aborto terapéutico, para salvar la vida de la madre.
Para que exista el delito de aborto deben concurrir cuatro requisitos previos: 1) Es preciso que exista un embarazo. 2) Interrupción del proceso del embarazo, con destrucción del feto o producto de la concepción. 3) Empleo del medio idóneo para provocar el aborto. Y, 4) Acción dolosa por parte del agente, es decir, debe existir una intención previa de lograr tal resultado.
Consecuencias morales del aborto: Son infinitamente superiores a las que, equivocadamente, el sujeto activo, es decir, la madre embarazada, se propone evitar con la práctica del aborto.
Ningún efecto, de la índole que sea, justifica el aborto, por cuanto, es un atentado a la vida del nuevo ser en gestación, el cual está dotado de vida desde el momento mismo de la concepción.
La vida de un ser humano está por encima de los designios humanos: obedece a un plan cósmico-existencial, que determina que, en un momento dado, se conjuguen las condiciones propicias para gestar el nuevo ser de acuerdo a los planes cósmicos del Creador Universal.
La vida en gestación, además del concurso físico de los progenitores, que dan su aporte material, tiene un elemento adicional, espiritual, ente inteligente que, por alguna razón cósmica, debe nacer de tales padres, a quienes él, -o los designios cósmicos han designados a tales efectos, bien sea por factores kármicos, compensatorios, afinidad, amor u otra índole, al frustrar ese intento existencial previsto con el nuevo ser en gestación, se está impidiendo que el orden universal manifieste la creación de una vida que está por encima del ser humano. Esta vida, tiene una misión implícita, que, además, por alguna razón cósmica, los nuevos padres están obligados en traer al mundo, caso contrario la misma no se habría gestado. Es importante destacar que, el nuevo ser en gestación, por la ley cósmica, trae su propia provisión en abundancia y felicidad para los nuevos padres, los cuales, se privarían de dicho beneficio al interrumpir el proceso del nuevo ser, además de las responsabilidades inherentes por las cuales tendrían que responder.
El incumplimiento con el deber de dar vida al nuevo ser, altera el funcionamiento psíquico de los padres incumplidores, quienes comienzan a experimentar una serie de sentimientos varios, desde el de culpabilidad, cuyo remordimiento de conciencia jamás volverá a dejarlos tranquilos hasta que vuelvan a darle vida a dicho ser, en un nuevo embarazo.
Cuando tal cosa acontezca, quedará, a los padres, la sensación de remordimiento que le hará pensar: -“Cómo sería, ahora, aquél ser de no haber provocado el aborto?”, y tantas otras inquietudes que se infiltrarán en la mente, una y otra vez, hasta que las personas involucradas purguen la expiación de su falta, y aún así, siempre será, de alguna manera, irreparable.
La vida humana requiere respeto, cuido y cumplimiento del propio deber.
Si la vida ha brindado la oportunidad de gestar, por la vía que sea, un nuevo ser, por medio de cada uno, es porque aquella vida debía venir, caso contrario, no habría habido concepción.
Este solo hecho debe ser motivo suficiente para dar fortaleza para superar cualquier prueba que se deba enfrentar.
Piénsese en lo que puede llegar a ser el nuevo ser, la felicidad futura que aportará a sus padres, familiares y a la humanidad. El ser que nace no pertenece a los padres, es un depósito divino que el Creador Universal consigna para su gestación, cuido, educación, etcétera. Oportunamente, dará la compensación debida, por cuanto, con la creación de la nueva vida, se está contribuyendo a perpetuar la especie humana y a pagar la deuda que se tiene, porque alguien ha gestado la propia vida, la ha cuidado y contribuido a su desarrollo. Es el pago de la propia vida, dando otras vidas como canal creador físico, ya que la vida espiritual existe por encima de cada uno.
Por ningún motivo se debería permitir el aborto, excepto el terapéutico, para salvar la vida de la madre.
Los padres que inducen a sus hijas a practicar el recurso del aborto, como medio de evadir la deshonra, adquieren otra de mayor gravedad, por cuanto, dar vida a un nuevo ser siempre es loable; mientras que, el aborto, siempre es un crimen, sobre el cual jamás se podrá construir la felicidad futura de nadie y cuyas consecuencias morales, en el supuesto de que se lograran evadir las legales, son de tal índole, que, por todos los medios posibles, se recomienda evitar.
El riesgo del aborto es múltiple:
A) En primer lugar, el legal. Sufrir una penalidad legal por el delito de aborto, es mucho más grave que la vergüenza que se pudiera pasar por la supuesta deshonra de un hijo fuera del matrimonio, entre otras cosas de escasa trascendencia.
B) El riesgo de la mujer que aborta, en cuanto a su salud, fecundidad futura o peligro de esterilidad; no vale la pena correrlo.
C) Las consecuencias morales, de múltiples y variadas manifestaciones, crean traumas psicológicos que determinan un elevado hándicap para la felicidad futura, tal como fue expuesto precedentemente.
D) El Derecho Divino cuyo precepto es la conservación de la vida, nadie lo puede ni debe violar, por cuanto, la sanción divina, -o acción coactiva de la ley cósmica-, no puede ser burlada. El “ojo que todo lo ve”, registra el hecho punible, e instantáneamente aplica la sanción moral-espiritual. Quienes incurren en el delito del aborto, de alguna manera sufrirán un castigo o penalidad de índole intangible pero de consecuencias seguras, como por ejemplo: remordimiento de conciencia, arrepentimiento, angustia, trastornos psico-espirituales, inestabilidad emocional, llorar sin motivos, sentimiento de reclamo del ente espiritual objeto del aborto, cuya voz sienten muchas mujeres que lo practicaron, y tantas otras sensaciones que no se ven pero que se sienten, que bien vale la pena evitar.
E) En fin de cuenta, hay que conservar la vida en gestación, por cuanto, la única manera de ser feliz es asumiendo la responsabilidad de los propios actos. Y, abriendo la puerta a la vida, al nuevo ser, se abrirá, simultáneamente, la puerta de la felicidad para cada uno. La bendición y la provisión divina que, con cada ser, vienen aparejadas. Por el amor de Dios, protejamos a los nuevos seres……, que cada día corren el peligro del aborto. Hay que divulgar el mensaje. Las Legislaciones mundiales protegen, y deben hacerlo siempre, a los nuevos seres en gestación. Inclusive, la Legislación debe normar la prohibición de que las mujeres puedan inhabilitar algunos órganos coadyuvantes a la reproducción, como cortar las trompas, etcétera, que conlleva al incumplimiento de dar las vidas que se puedan deber, cuyas consecuencias antes descritas, las experimentarán en igual grado, las personas involucradas.
En el parágrafo 359, Allan Kardec vuelve a preguntar:
3. –“En el caso en el cual la vida de la madre corriese peligro durante el proceso del parto, es un delito sacrificar el niño para salvar a la madre?”
Obtiene la siguiente respuesta: -“No, es mejor sacrificar el ser “que aún no existe”, al ser que ya existe”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO: Las diversas legislaciones jurídicas en el mundo sostienen este punto de vista. Estando bien la madre, el ser que iba a nacer, podrá volver a iniciar el nuevo proceso de encarnación en un futuro cercano, como en efectos suele ocurrir, tal como se observa en la práctica, al ser frustrado el nacimiento de un niño, por las causas que fueren, se observa como al poco tiempo, la madre vuelve a quedar embarazada y oportunamente nace el nuevo ser. Qué razones espirituales han determinado la frustración del nacimiento anterior, además de las eventuales de orden físico? Muchas veces, algunas alteraciones en los planes espirituales del Espíritu por nacer y de aquellos seres que de una u otra manera les son inherentes e interrelacionados, puede determinar una variación en la fecha del nacimiento, o un eventual cambio de sexo, por haberse modificado el plan espiritual, y cualesquiera otras razones válidas según el respectivo caso.
Concluimos con la pregunta Nº 360 de Allan Kardec y su respectiva respuesta:
4. –“Es justo tener, en cada caso, para el feto, las mismas atenciones que se tienen por el cuerpo de un niño, de cuya vitalidad se está ya seguros?”
-“Inclinaos siempre a los decretos de Dios, y no tratad con ligereza cosas de tanta gravedad. Por qué no respetaríais las obras de la creación, aún cuando alguna vez quedan incumplidas por voluntad del Creador? Esto está en sus designios, que nadie tienen el derecho de juzgar”-.
Adelante.

viernes, 7 de septiembre de 2012

A DÓNDE VAMOS?




LA LUZ QUE NOS GUÍA 

CAPÍTULO  V 

¿A DÓNDE VAMOS? 

Autor: AMALIA DOMINGO SOLER


¿A dónde va el alma, cuando abandona su cuerpo ya gastado e inútil para la vida física, cuando 
se desprende de esa pesada envoltura material que la sujetaba al globo terrestre? 
He aquí la primera de las tres preguntas que hicimos a la ciencia espírita, y resuelve este 
problema con tanta lógica como ha resuelto tantos otros. 
 Hemos visto que, del espacio vienen los espíritus cuando revisten una forma material en nuestro 
mundo, para alcanzar por su medio, un grado más alto de progreso; hemos visto también que el objeto de 
la vida humana es precisamente este, la purificación  y la elevación del alma, por el trabajo y por el 
sufrimiento, siendo cada mundo un peldaño de la escala infinita del progreso por la que ha de ascender. 
Realizado el fin de la encarnación, agotado el fluido vital que animaba su organismo, cae éste 
para dejar paso al Espíritu, que vuelve a reconquistar con este hecho, su perdida libertad, y regresa a la 
vida espiritual de donde había salido cuando encarnó. 
Cada desencarnación en nuestro mundo representa, digámoslo así, un nacimiento en el espacio. 
Allí vuelve el Espíritu después de librada su batalla aquí bajo; allí vive contento e individualizado con su 
periespíritu o cuerpo espiritual que afecta precisamente la forma  de su última encarnación, cuyo 
periespíritu le permite relacionarse con los demás seres espirituales que le rodean. 
Al llegar al espacio, al desprenderse de su cuerpo material, al reconocerse el Espíritu, se cumple 
en él una de las leyes admirables que rigen el mundo espiritual. Procede por sí mismo al reconocimiento 
del valor moral de los hechos que ha realizado en la vida que acaba de dejar, se erige en su propio juez; 
los actos, las palabras, los propios pensamientos que como hombre efectuó, pronunció o tuvo; se 
presentan ante él como cuadros disolventes, y acata algunos, y reprueba terminantemente los demás, es la 
conciencia desnuda y libre de la hipocresía humana que se juzga a sí misma y falla contra su propio ser. 
No hay fallo más seguro, más exacto, más equitativo  ni de mayores transcendencias para el Espíritu, 
puesto que la condena que pronuncia es a la que se somete él mismo, para cumplir la ley del Progreso. 
No es Dios que juzga al Espíritu que regresa de la vida corporal; no, Dios no es Juez. Es el alma 
misma, la que penetra en los pliegues más recónditos de su conciencia, y al encontrar allí el mal bajo 
muchos aspectos, ansiosa de verlo desaparecer, comprendiendo que sólo en medio de las pruebas, de las 
luchas, de los trabajos y de los sufrimientos de la vida material, podrá disminuir su carga de pesadas 
inmundicias morales y fortalecerse en la práctica de la virtud, pide suplicante al Padre que la ha creado, 
una nueva existencia material de pruebas y de expiaciones para progresar. 
Allí, en la vida errática, en el espacio, el Espíritu reconoce sus yerros mejor que en la Tierra, y 
toma resoluciones, adopta determinaciones que comprende son necesarias  para su purificación y 
progreso. Al verse detenido en su vuelo hacia las alturas luminosas del espacio, por el peso de su 
periespíritu, aún demasiado denso, demasiado grosero, para permitir su elevación, se hace cargo de esa 
densidad, adquiere el convencimiento de que  su detención en los planos inferiores de la atmósfera 
terrestre, es debida a las muchas manchas que afean su cuerpo espiritual, y entonces, indaga, busca, 
pregunta cómo ha de conquistar ese estado especial, que le dejará  elevarse como los demás seres que 
cruzan veloces el espacio infinito, dejando tras ellos un reguero de luz. 
La misericordia de Dios, auxilia al cumplimiento de la ley de justicia en aquel pobre ser, 
permitiendo que la contestación le sea dada por sus protectores espirituales, y al oírla se convence de que, 
efectivamente, sólo las luchas y los dolores de la vida material pueden obrar como reactivo purificador 
sobre él, transformando su periespíritu pesado, grosero, denso, incapaz de elevarse en un organismo 
fluídico de blancura inmaculada y de resplandeciente luz. 
Entonces; ante el reproche de la propia conciencia y el convencimiento de no haber empleado 
debidamente las horas de su última encarnación, el Espíritu formula ardientes deseos, fervientes súplicas 
que serán atendidas cuando llegue la hora oportuna de cumplirse en él la ley del regreso a la vida 
material, para continuar labrando en ella, la obra magna de su progreso. 
He ahí la respuesta de la ciencia espírita: 
Después de la desencarnación, vuelve el Espíritu al espacio, allí ve acumularse ante él toda la 
obra de su pasado, examina lo que está hecho y lo que le queda por hacer para cumplimentar la ley 
progresiva a la que está sometido, reconoce sus errores, sus caídas, sus múltiples tropiezos con las leyes 
de justicia y de amor que debían haber regido todos sus actos. Comprende que no existe castigo eterno 
para los prevaricadores de la ley, y sí, como efecto de la infinita Misericordia de Dios, la eternidad de 
tiempo para redimirse y los mundos de expiación y de pruebas con sus puertas abiertas a las almas 
impuras, para que se regeneren ellos, en las aguas del sufrimiento. 
Acepta, bendiciendo a su Hacedor, el medio que  le concede para purificarse y elevarse y se 
prepara para sus futuros destinos, bajo la dirección de sus guías espirituales, que tratan de desarrollar en él AMALIA DOMINGO SOLER 
26 
la inteligencia para que adquiera  una concepción cada vez más exacta del Universo y de su Autor, 
concepción que despertará en él la ternura, el sentimiento y la fuerza de voluntad que necesitará en sus 
futuras encarnaciones para tratar a sus semejantes como a hermanos y para amarles como a sí mismo, 
amor que es precisamente la base de todo el edificio de su progreso. 
¿No es verdad que llena el Espíritu de consuelo, de satisfacción y de bienhechora esperanza, esta 
doctrina? Que transmitida a los hombres por los mismos seres desencarnados, no deja lugar a la menor 
duda, en los que quieren estudiar, profundizar y meditar sobre estos fenómenos admirables. 
En lo que enseña esta ciencia, nada encuentra el hombre que repugne a su razón, todo lo ve 
explicado, las mil y mil anomalías de la vida, las dudas constantes de su corazón; y lo que tienen de más 
grandioso a sus ojos, es que, en vez de empequeñecer a Dios, le coloca a tal altura, que goza el alma con 
esa nueva concepción de la divinidad, que le muestra a Dios (si bien como un ser incomprensible para su 
pobre y limitada inteligencia), como Padre Amorosísimo e Incomparable de Previsión y de Bondad para 
todas sus criaturas. 
¡Espiritismo! 
¡Bendita seas, ciencia admirable, moral sublime, que has de regenerar y de redimir a nuestra 
pobre humanidad! 
¡Mil veces bendito seas, Padre adorado, que has permitido que esa Luz brille sobre tus pobres 
hijos de la Tierra